martes, 22 de mayo de 2018

AMAR A NUESTROS ENEMIGOS

AMAR A NUESTROS ENEMIGOS
MATEO 5:43-48

INTRODUCCIÓN:
A.  en el contexto sabemos que la gente ya sabía y usaba la palabra, "amar", pero su concepto del amor era muy limitado. Jesús da un significado nuevo a la palabra.
B.  Sin duda el pueblo quedó asom­brado por esta enseñanza, tan distinta de lo que los escribas y fariseos enseñaban (Mat. 5:20). Y puesto que Jesús iba a cambiar esa forma de enseñanza que tenían.
C.  Enemigo: según la RAE es la persona que tiene mala voluntad a otra y le desea o hace mal.

I.            MATEO 5:43 -- "OÍSTEIS QUE FUE DICHO: AMARÁS A TU PRÓJIMO, Y ABORRECERÁS A TU ENEMIGO".

Prójimo: Gr. Plesios: el que está cerca.             Aborrecer: Sin. Odiar.       

A.         La ley de Moisés dijo, "Amarás a tu prójimo" (Lev. 19:18), pero no dijo, "Aborrecerás a tu enemigo".

B.         ¿Por qué, pues, tenían tanto odio los judíos? Había varios factores significantes que contribuyeron a la actitud de los is­raelitas hacia otras naciones:

1.          Los israelitas fueron mandados a destruir sin misericordia a los cananeos y todo objeto de culto de ellos, Ex. 23:20-33; Deut. 7:1-5,16;

2.          Se les prohibió formar alianzas con ellos (Ex. 34:12-16). Esto indica claramente que nunca podía haber paz entre Israel y las naciones paganas. Era necesario esto para separarlos y evitar que Israel fuera contaminada por sus abominaciones.

3.           Aun los hombres más piadosos hablaban continuamente de estas cosas. Hay muchos textos (por ejemplo, en los Salmos) que hablan de aborrecer a los enemigos (y, desde luego, los Salmos eran inspirados por el Espíritu Santo). Véanse Sal. 18:37-41; 59:1-5;  139:21,22.

4.          Por lo tanto, la actitud nacional era una de aborrecimiento hacia los enemigos. La ley de Moisés en este caso tenía un propósito muy especial en el plan de Dios, pero era provisional. Estaba acabándose ese período, y Jesús estaba corrigiendo el problema de abo­rrecer a sus enemigos. Al momento de oír esta enseñanza, los discípulos debían cambiar su actitud hacia todos los enemi­gos, no obstante lo que hubiera sido su relación con ellos en el pasado.



II.          MATEO 5:44 -- "PERO YO OS DIGO: AMAD A VUESTROS ENEMIGOS, BENDECID A LOS QUE OS MALDICEN, HACED BIEN A LOS QUE OS ABORRECEN, Y ORAD POR LOS QUE OS ULTRAJAN Y OS PERSIGUEN".

Ultrajar: Gr. Epereazo que significa insultar, difamar.
Maldecir: Gr. Kataraomai que significa desear el mal para una persona o cosa.

A.         ¿Debemos amar a los enemigos como amamos a los seres queridos?

1.          A muchos les parece difícil amar a los enemigos, por no entender la palabra "amar". El amor por los seres queridos es un amor emocional, un afecto fuerte.

2.          Pero el amor mandado por Jesús, amor de la mente y de la voluntad, busca el bienestar de la persona amada.

B.         Este amor significa "buena voluntad". El comentario de William Barclay explica este amor en una forma muy interesante.

1.          Significa buena voluntad. Es pura bondad y benevolencia hacia otros, una bondad que no termina, no se acaba.

2.          Es decir, no hay nada que los hombres puedan hacer para destruirlo. ¡Es invencible! Con esta actitud, esta buena voluntad invencible, no es difícil obedecer los mandamientos de Jesús, que para los hombres carnales parecen im­posibles y absurdos.

C.         Amar lo no amable. Considérese el amor de Dios (ver. 45; Luc. 6:35; Rom. 5:8). Así debe ser nuestro amor para con todos, aun para los enemigos. Debemos amar a los que no merecen nuestro amor. Debemos amar a los que no son amables, porque es lo que Dios hace. No es amor de sentimiento sino de acción, de con­ducta, como expresión de un espíritu bueno y compasivo. Luc. 6:35, "Él es be­nigno para con los ingratos y malos".

D.         Debemos bendecir al enemigo, como lo hizo Jesús, 1 Ped. 2:21-23. No debemos usar lenguaje abusivo, sino más bien palabras de cortesía, amistad y ama­bilidad. El habla nuestra no debe ser con­trolada por las malas circunstancias cau­sadas por el enemigo, sino por Dios. 1 Cor. 13:4-7 dice que "el amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irri­ta, no guarda rencor; no se goza de la in­justicia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta". Por eso nosotros hermanos debemos amar a nuestros enemigos porque Dios tiene amor para todos no hace acepción de personas.

E.          El amor hace bien. En esto se ve la definición de la palabra "amar". El ver­dadero amor no se ve en palabras, sino en hechos (1 Jn. 3:18), tampoco de manera hipócrita. Es la expresión de buena voluntad que sinceramente desea el bienes­tar de otros, aun el de los enemigos. Así como el buen samaritano, es un ejemplo hermoso de esto, y es el héroe de la parábola de Jesús (Luc. 10:25-37).


F.          No podemos seguir odiando a otros si oramos por ellos. Al orar por otros los lle­vamos delante del trono de Dios, y seguramente no nos atrevemos a odiar a nadie en la presencia de Dios. Es el medio seguro de acabar con la amargura y los re­sentimientos. Nuestro Señor Jesucristo oró por sus enemigos aun cuando moría por ellos en la cruz (Luc. 23:34). Esteban lo imitó (Hech. 7:60)Pablo demostró el mismo espíritu (2 Tim. 4:16).


III.        MATEO 5:45 -- "PARA QUE SEÁIS HIJOS DE VUESTRO PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS, QUE HACE SALIR SU SOL SOBRE MA­LOS Y BUENOS, Y QUE HACE LLOVER SOBRE JUSTOS E INJUSTOS".

A.         La expresión "para que seáis" no está indicando condición o requisito; es de­cir, para ser hijos de Dios tenemos que hacer algo. Tenemos que hacer lo que Jesús enseña en el ver. 44: bendecir al enemigo, hacerle bien y orar por él. Si no hacemos esto, no podemos ser hijos de Dios.

B.         ¿Somos hijos de Dios? Es fácil suponer que habiendo sido bautizados en Cristo, llegamos a ser hijos de Dios, y que ocupamos una relación más o menos se­gura con Dios (con tal que asistamos fiel­mente a los servicios, y evitemos los vi­cios), pero la palabra "hijos" se usa para "aquellos que manifiestan ciertas cualidades de carácter", y el carácter se in­dica por la palabra que acompaña la pa­labra "hijos".

 Por ejemplo, Mar. 3:17, "hijos del trueno" (hombres como trueno, tempestuosos); Luc. 10:6 "hijos de paz" (hombres pacíficos, receptivos); Hech. 4:36, "hijo de consolación" o de ex­hortación, con talento para animar); etc. "Hijos de Dios" significa, pues, personas que tienen el carácter de Dios, que son imitadores de Dios. ¿Qué hace Dios? El bendice tanto a los malos como a los buenos. ¿Queremos ser hijos de Dios? ¡Entonces hagamos lo mismo!

C.         Dios hace que el sol salga sobre todos; envía la lluvia a todos. Veamos Sal. 145:15,16; Hech. 14:15-17; 17:24,25. ¿Se niega Dios a proveer para aquellos que le aborrecen? Claro que no. Por lo tanto, si queremos ser "hijos de Dios" (imitadores de Dios), debemos hablar bien y hacer bien a los que nos maltratan, y orar por ellos. Con esta gran bondad Dios derrite los corazones fríos de hombres perversos para llevarlos al arrepentimiento (Rom. 2:4).





IV.        MATEO 5:46,47 -- "PORQUE SI AMÁIS A LOS QUE OS AMAN, ¿QUÉ RECOMPENSA TENDRÉIS? ¿NO HACEN TAMBIÉN LO MISMO LOS PUBLICANOS? Y SI SALUDÁIS A VUESTROS HERMANOS SOLAMENTE, ¿QUÉ HACÉIS DE MÁS? ¿NO HACEN TAMBIÉN ASÍ LOS GEN­TILES?"


A.         Según Lucas 6:32,33, Jesús dice "pecadores" en lugar de "publicanos" y "gentiles". Aquí pues sabemos que se refiere a los pecadores en general, pero Mateo escribe para los judíos y especifica los dos grupos más aborrecidos por los judíos. Despre­ciaban en gran manera a los publicanos porque éstos recaudaban los impuestos para los romanos. Los peores de los hom­bres (los criminales más perversos) se saludan el uno al otro. "¿Qué hacéis de más?"

B.         Jesús condena el espíritu de exclu­sivismo, el espíritu que causa partidos aun entre hermanos. Este espíritu se denuncia en las cartas de Pablo (1 Cor. 3:1-3; Gál. 5:20, etc.). El que solamente saluda a los suyos es carnal y egoísta. Saluda para ser saludado. Alaba para ser alabado. Cristo denuncia este espíritu y nos enseña a bus­car y saludar a los que necesitan nuestra compasión y ayuda, en lugar de buscar a los que nos agradan y complacen.

C.         El ejemplo de Jesús. Otra vez la en­señanza de Jesús se ve claramente en el ejemplo que Él nos ha dejado. Véanse Luc. 5:31,32; 7:44-48; 14:12-14; 15:1, 2.

D.         ¿Qué hacéis de más? Dios ha hecho más por nosotros que por otros, porque nos ha salvado, y nos ha bendecido con toda bendición en Cristo (Efes. 1:3). Nos da todas las cosas (Rom. 8:32). Por lo tanto, El espera más de nosotros. ¿Por qué esperamos la recompensa de Dios si tenemos la actitud de gente mundana al saludar solamente a los nuestros? Un comentario del hno. Wayne dice: (El "saludar" de aquel entonces no era sim­plemente decir, "Buenos días" y tal vez es­trechar manos, sino que se abrazaban, se besaban en cada mejilla, preguntaban por la familia, etc. Era expresión significante de amistad y cariño. Por ejemplo, Luc. 10:4, "y a nadie saludéis por el camino", porque la misión de los 70 era urgente y el saludar a la gente requería mucho tiempo. Para nosotros la palabra "saludar" debe indicar una expresión cordial, según las costumbres de la gente, de amistad y de buena voluntad).


V.          MATEO    5:48 -- "SED, PUES, VOSOTROS PERFECTOS, COMO VUESTRO PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS ES PERFECTO".

A.         La expresión, "Sed, pues", indica una conclusión a los versículos anteriores.

B.         "Perfectos". En este texto la palabra "perfectos" no significa "sin pecado", sino que debemos ser perfectos en amor, como Dios es perfecto en amor. El amor de Dios es perfecto o completo, porque es universal. No es deficiente porque no es parcial. El no ama solamente a los que le aman, sino que El "hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos". El amor nuestro debe ser completo, como lo es el amor de Dios.


CONCLUSIÓN: en fin, nosotros hermanos siempre debemos tener el carácter de Dios, porque solo así, deberamente seremos hijos de Él, en que le imitamos, y así pues amamos a nuestros enemigos, es decir demostramos una buena disposición y voluntad hacia ellos. Y no hagamos así solo entre hermanos, excluyendo a los enemigos, más bien no hacer acepción de personas, pues Dios no lo hace.

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